martes, 12 de julio de 2016

Mateorías (15)

(Capítulo 15 de la novela Mateorías de Guillem González. Puedes leer el capítulo 1 aquí.)

Quince

—Ya he terminado de leer Todas las almas —la voz de Mateo.

Ya era hora, pensé, de que alguien leyera mi novela.

—¿Y qué te ha parecido? —traté de esconder mis nervios.

—Vente a mi casa esta tarde y te cuento. Tengo una sorpresa para ti.

Colgué el móvil y, mientras se hacía el café, alargué el brazo hasta un estante para coger un ejemplar de Todas las almas. En la portada aparecía una pareja de perfil, él y ella acaramelados frente a frente, sus figuras oscurecidas a contraluz, detrás un escaparate; no sé por qué la editorial escogió esta foto, pero en su momento me gustó. Abrí el libro por la página legal: la editorial, la edición (primera y única), el año de publicación (2010), el autor (Javier Marías, por supuesto), el nombre y la localización de la imprenta, el ISBN, el depósito legal y toda esa información tan aburrida que se lee todavía menos que el libro en sí mismo, aunque probablemente sea más importante. A continuación, leí el inicio de la novela ("Dos de los tres han muerto desde que me fui de Oxford"), me serví un café en mi taza del papa y me senté en el sofá cama a continuar la lectura. Muy probablemente, aquella era la primera vez que alguien releía Todas las almas; todavía era más deprimente que el lector (yo) fuera también el autor (yo) y que ni siquiera pudiera leerla entera, ya que en unas horas había de verme con Mateo. Intenté que estos pensamientos negativos no arruinaran el momento, pero la relectura me sumergió de nuevo en el fracaso de mi novela con seudónimo.

(Si el lector odia la metaficción, es decir, las reflexiones sobre literatura, o sea, el onanismo literario, puede saltarse este capítulo. Sabré perdonarlo.)

Todas las almas había sido sin duda el revés más duro, no solo de mi breve carrera literaria, sino también de mi vida. El Verdadero Fracaso. El Hundimiento Literario. El Silencio Absoluto. A pesar de que me había blindado contra la caída publicando bajo seudónimo (Javier Marías), la novela pasó tan desapercibida (¡el silencio!) que me hundí: tantas expectativas defraudadas y tanto blindaje me arrastraron hasta el fondo. No era la primera vez que me pegaba un castañazo literario, así que en seguida me recompuse, aunque bien magullado y humillado. Sin embargo, en aquella ocasión hubo una diferencia cualitativa: tuve que maquillar mis magulladuras y disimular mi humillación, no podía compartir con nadie mi fracaso, mi fracaso de Javier Marías, porque confesarlo todo habría resultado en un fracaso al cuadrado. Me levanté y volví a caminar, sí, pero cojeé un tiempo.

De niño, yo era un gordo con granos; por eso —y por mi vocación literaria— mis compañeros se burlaban sin piedad de mí. Mil veces deseé que mi gordura y mis granos pudieran ocultarse, pensando que era mejor sufrir en casa que en clase. Qué equivocado estaba. Quizás si hubiera padecido alguna enfermedad o tara vergonzosa pero disimulable (como un tercer pezón o una pierna ortopédica), habría descubierto antes que en realidad el sufrimiento público es preferible al privado (¡el silencio!). El destino se reiría de mí una vez más cuando, ya en Cracovia, me saliera una terrible almorrana, dolorosa pero ocultable (esta es otra historia).

¡Oiga, que yo he venido aquí a hablar de mi libro! Pues el argumento de Todas las almas es bastante sencillo, aunque la forma sea o parezca compleja. Intentaré resumirlo sin hacerme muy pesado.

El protagonista y narrador es un escritor madrileño que recuerda los dos años que pasó en Oxford. No tiene nombre, pero da la impresión de ser el mismo autor, Javier Marías, rememorando sus propias experiencias; por eso a partir de ahora llamaré al personaje JM. En la Universidad de Oxford, JM da clases de literatura española y de traducción español-inglés, es una especie de profesor visitante. Además, JM experimenta cierto choque cultural con el estilo de vida británico, conoce un montón de profesores oxonienses excéntricos como Cromer-Blake (su protector) o Rook (experto en ruso que está traduciendo Ana Karenina), se empapa de chismorreo universitario, tiene un romance con una profesora (Clare Bayes), se enamora de una desconocida en un tren, se patea la ciudad como un flâneur, visita librerías de viejo donde encuentra libros inencontrables (de John Gawsworth y de Arthur Machen), reflexiona mucho (sobre la basura, sobre la permanencia en un lugar ajeno, sobre los vagabundos, sobre la memoria), descubre el Reino de Redonda (una nación ficticia en una minúscula isla antillana) y describe toda una galería de personajes pintorescos: los pordioseros ("hoscos y fieros y enormemente borrachos"), Will (el portero de la Institutio Tayloriana, la biblioteca de la Universidad de Oxford), Muriel (una "gorda infame" con quien se acuesta una sola noche), los Alabaster (un matrimonio que tiene una librería de viejo), Alan Marriott (miembro de la Machen Company, una asociación dedicada a la obra de Arthur Machen). Etcétera, etcétera, etcétera y JM regresa a Madrid. Todas las almas es lo que se conoce como una novela sin argumento: pasa mucho pero no pasa nada, como la vida misma. Ah, y casi se me olvida, se titula así por el All Souls College, una facultad de la Universidad de Oxford, y por todos los personajes que salen en la obra.

No hace falta ser un crítico literario para ver que Todas las almas es autoficción, es decir, una mezcla de autobiografía y de ficción. En otras palabras, es una novela aparentemente autobiográfica: parece la autobiografía de su autor, Javier Marías, pero no está claro que lo sea. Vaya lío, ¿no? Para generar esta ambigüedad, en el primer capítulo el narrador (JM) dice lo siguiente: "El que aquí cuenta lo que vio y le ocurrió no es aquel que lo vio y al que le ocurrió, ni tampoco es su prolongación, ni su sombra, ni su heredero, ni su usurpador". En definitiva, es lo mismo que hacía yo con mi diario de escritor adolescente: escribía lo que me ocurría y lo que se me ocurría, sin especificar qué era verdad y qué era mentira.

La contracubierta de Todas las almas confirma la indeterminación creada por JM:
Javier Marías vivió en Oxford al igual que el narrador de Todas las almas. Durante dos años, el autor de carne y hueso fue lector de español en la universidad como su personaje de tinta y de papel. También se hizo con rarezas bibliográficas en las librerías de viejo. Uno y otro comparten el haber nacido en el madrileño barrio de Chamberí un 20 de septiembre, tener tres hermanos y ser escritor. Aquí terminan las coincidencias comprobables.
Joder, qué ganas de complicarle la vida al lector, ¿no? Pues sí, y aún hay más.

Si uno googlea Javier Marías y hace clic en su entrada de Wikipedia o en el enlace a la web de la ediorial, seguirá confundiéndose. Obviamente, tanto esas páginas como la solapa del libro las escribí yo, en colaboración con la editorial, imitando la dudosa prosa burocrática de la Wikipedia. ¿Qué clase de escritor aspiraba a ser si no conseguía falsificar la biografía de un escritor? También subí una foto de mi padre a los treinta, con cara de seductor y fumando (yo no fumo, pero mi padre, Javier Marías y JM sí). En fin, la escueta biografía de Javier Marías dice así:
Javier Marías Benet (Madrid, 20 de septiembre de 1980), más conocido como Javier Marías, es un escritor español. Es hijo del profesor de instituto Pedro Marías y la modista Elena Benet. Javier Marías recibió una sólida educación liberal en el Colegio Estudio, heredero de la Institución Libre de Enseñanza. Se licenció en Humanidades (rama de Literatura) por la Universidad Complutense de Madrid. Recibió una beca François Rabelais gracias a la cual pasó un curso académico en Londres, ampliando sus estudios. Entre 2005 y 2007, impartió clases de Literatura Española y Teoría de la Traducción en la Universidad de Oxford. Al regresar a Madrid, escribió Todas las almas (2010), que novela sus dos años en Oxford bajo la falsa apariencia de unas memorias. Vive completamente apartado de los focos mediáticos: es un autor secreto, sociofóbico, de la estirpe de J. D. Salinger o Thomas Pynchon. Atención, jóvenes aspirantes a escritoras: Javier Marías no está casado.
¡Qué enredo! Y esto no es todo: si detrás de JM estaba (o no) Javier Marías, detrás de Javier Marías estaba (o no) yo. Cucú... ¡tras! Esto es como una película de espías o una telenovela, pero sin persecuciones ni escenas de sexo. Esto es un truco: un mago tiene una chistera, de la que saca un conejo que tiene una chistera, de la que saca un conejo que tiene una chistera, de la que saca un etcétera. En resumen, esto es un lío bien mind blowing, que diría Javier Marías con su acento británico.

Pero la editorial y yo acordamos que no se revelaría la verdadera y última identidad del autor de Todas las almas (yo) hasta que la novela fuera un éxito total. Había que dejar que se avivara el debate. Durante un tiempo, los lectores, críticos, profesores de literatura, amas de casa y taxistas se preguntarían: ¿JM es Javier Marías o no? Habría argumentos a favor (Javier Marías y JM estuvieron en Oxford, los dos fueron profesores de literatura y de traducción, ambos son madrileños y tienen tres hermanos y fuman) y argumentos en contra (Javier Marías es soltero, mientras que JM está casado y tiene un hijo). La sociedad se dividiría entre los partidarios de la ficción, por un lado, y los de la autobiografía, por el otro, y además un tercer grupo más reducido e indeciso defendería la autoficción. Se organizarían debates televisivos donde cada tertuliano aportaría su grano de arena a la cuestión palpitante. Solo entonces romperíamos el debate JM-Javier Marías, detonaríamos el último bombazo literario, sacaríamos el último conejo de la chistera: Javier Marías soy yo. ¡BUM! El gran escritor madrileño es en realidad catalán. ¡BUM, BUM! El gran paisajista oxoniense no ha visitado ni una vez Oxford. ¡BUM, BUM, BUM! Nunca ha trabajado como profesor de nada. ¡BUM, BUM, BUM, BUM! No nació en 1980 sino en 1986. ¡BUM, BUM, BUM, BUM, BUM! La página de Wikipedia solo era otra pieza de esta maravillosa farsa. ¡BUM, BUM, BUM, BUM, BUM, BUM!

Sin embargo, las cosas no suelen suceder como uno espera: bum, el fracaso me explotó silenciosamente en las manos. Nadie le hizo caso a Javier Marías, tampoco a Todas las almas ni a JM. Javier Marías se convirtió en un verdadero autor secreto: nadie lo conocía, ni de oídas. Nadie se molestó en leer Todas las almas, auténtica novela de oculto. Nadie le insufló vida a JM, que se convirtió en un personaje inexistente, un olvidado de la literatura. Nadie visitó la entrada de Wikipedia de Javier Marías ni su página de la editorial. Nadie se preguntó si la novela era autobiográfica, ficcional o qué sé yo. Nadie debatió si Javier Marías y JM eran la misma persona. Y, por supuesto, nadie llegó a saber que yo soy Javier Marías, porque nadie asistió a la gran obra de teatro que había organizado: el auditorio sigue vacío y en el escenario todavía hay una chistera con el cadáver en descomposición de un conejo. Es el hedor del fracaso.

El café se me había quedado frío y todavía no le había dado ni un sorbo. Cerré Todas las almas y abrí el congelador: plop, plop, puse dos cubitos en la taza de Juan Pablo II. Volví al sofá cama y a leer la novela.

Durante mi rápida relectura de Todas las almas no todo fueron amarguras revividas. Leí de nuevo las reflexiones de JM sobre los pordioseros oxonienses y la basura y me sorprendió una vez más la similitud que guardaban con mi yo actual y los vagabundos cracovianos. Y tuve otros déjà vus literarios. Por ejemplo, en la página 68 se puede leer la siguiente meditación de JM:
Aquí [en Oxford] no solo soy un extranjero del que nadie sabe nada y que a nadie importa, del que no se sabe nada biográficamente importante y sí que no se quedará para siempre, sino que lo más grave y determinante es que aquí no hay ninguna persona que me haya conocido en mi juventud ni en mi infancia. Eso es lo que me resulta perturbador, dejar de estar en el mundo y no haber estado antes en este mundo.
Así de perturbado me sentía yo cuando escribí Todas las almas: descolocado, pero también me sentía así en Cracovia: fuera de lugar. Una cita más:
Para mí este territorio [Oxford] es territorio de paso, pero se trata de un paso lo bastante dilatado para que deba procurarme lo que se llama un amor mientras estoy aquí. No puedo permitirme disponer de todo mi tiempo y no tener en quién pensar.
¡Yo también quería "procurarme un amor" en Cracovia! Aunque por el momento tenía menos fortuna que JM, claro.

Muchas veces me acordé con cariño de Yono Leo, porque un personaje de la novela estaba basado en él, era un homenaje a mi primer maestro. Se trata de Cromer-Blake, el profesor que entabla amistad con JM: "Cromer-Blake fue mi guía y mi protector en la ciudad de Oxford, y fue él quien me hizo conocer a Clare Bayes". Yono Leo fue mi guía y mi protector, y fue él quien me hizo conocer la literatura. Como Yono Leo, Cromer-Blake termina muriendo lejos de su protegido, olvidado.

Sin embargo, el personaje de Cromer-Blake también me recordaba inevitablemente a Mateo, mi guía y mi protector en Cracovia; asimismo, Mateo me ayudó (sin éxito) a conocer chicas. Otra mateoría de JM: "solo hice verdadera amistad con Cromer-Blake [Mateo] durante mi estancia de dos años en Oxford [Cracovia]". Más adelante, encontré otra similitud: en la novela, Cromer-Blake tiene un secreto que el protagonista finalmente descubre; yo también intuía que en Mateo había algo oculto, una parte de su biografía que todavía no me había revelado, quizás porque no estaba preparado, quizás porque yo tampoco le había contado nada valioso a cambio. Y aún había más parecidos: Mateo también era profesor de universidad, también había vivido en Inglaterra, también estaba soltero, también era bilingüe español-inglés, también amaba la literatura, etc. ¿Me había inventado a Mateo tres años antes de conocerlo? ¿O simplemente había diseñado un personaje a la medida de mis necesidades de amistad y de protección? Por otro lado, había diferencias entre el personaje y la persona que desmentían mi paranoia: Cromer-Blake era homosexual y Mateo no, Cromer-Blake era un espía del MI5 y Mateo no, Cromer-Blake tenía una casa con jardín y con cisnes y Mateo no, etc.

Dejé el debate mental y el café a medias en el fregadero: era hora de encontrarme con Mateo. No me apeteció seguir leyendo en el tranvía; atravesé Kazimierz y el centro en un santiamén. Cuando me abrió la puerta de su casa, noté una bocanada de café.

—Bienvenido, señor Javier Marías —me dijo, e hizo una reverencia burlona—. Pase usted.

—Menos cachondeo, madrileño.

—Parece que ahora yo también tendré que llamarte madrileño —soltó una carcajada—. O quizás madrileñocatalán.

Me sentó a la mesa de la cocina, frente a una cafetera humeante, una botella de vodka de avellana y cuatro tazas muy familiares: Juan Pablo II, cześć, Isabel II, what's up, Jorge Luis I, cómo andas, François Rabelais, comment ça va. Mateo llenó dos tazas de café y dos de vodka.

—Na zdrowie!

—¡Salud!

Se hizo un breve silencio, pero finalmente me atreví a preguntarle lo que más teme y más desea saber un escritor:

—Bueno, entonces ¿qué te ha parecido mi libro?

—Pues me ha gustado, me ha gustado mucho. Definitivamente, Todas las almas me parece mucho mejor que tu blog, De mí me río, aunque este también está bien, claro —calló y sacó un papel doblado del bolsillo—. De hecho, querría hacerte algunas preguntas. ¿Puedo? No siempre se tiene delante al autor para que te resuelva las dudas. Eso sí, ¡que no se te suba a la cabeza!

—Por supuesto.

Mateo era mi primer lector serio y aquella sería la primera vez que me preguntaran en serio por mi novela: ¡mi primera entrevista! No podía arriesgarme a perder un lector y un amigo, así que decidí responderle toda la verdad a todas sus preguntas. No sé si un escritor debería hablar nunca con tanta sinceridad, pero tampoco sé si los escritores tienen decálogo.

—Empecemos, madrileñocatalán. Primera pregunta: ¿has estado en Oxford?

Le conté a Mateo que nunca había estado en Oxford pero que me documenté mucho para recrear la ciudad y su ambiente. Leí varias guías turísticas y libros de viajes, consulté diferentes páginas de internet, vi vídeos de YouTube y un montón de películas (Tomorrow Never Dies, Brideshead Revisited, Oxford Blues, The Oxford Murders, The Saint, Iris, The History Boys, Blue Blood...) e incluso contacté por Facebook con estudiantes de la Universidad de Oxford. Aunque fue un estudiante quien me explicó qué eran las high tables (unas cenas de etiqueta que se celebran en cada college), saqué casi todas las ideas de Harry Potter (para más información, recomiendo leer la larga descripción de las high tables que realicé en Todas las almas, páginas 48-66). Me dio miedo que Mateo juzgara imprecisa mi recreación de la atmósfera oxoniense, pero no:

—Tranquilo, el Oxford de Todas las almas es más Oxford que el que yo visité. Eres el hombre que inventó Oxford, enhorabuena. Aunque se nota que todavía no habías dado clases, porque no las describes demasiado. ¿Más vodka? Segunda pregunta: ¿en quién te inspiraste para el personaje del profesor Cromer-Blake?

Le dije a Mateo que me había inspirado en Yono Leo y le expliqué quién era y cuán importante había sido para mi vocación literaria. También le confesé que me recordaba un poco a él (Mateo) y que releyendo Todas las almas acababa de tener un puñado de perturbadores déjà vus. Como si hubiera leído la biografía de mi yo de un universo paralelo.

—Es normal, ¿no? Escribiste la novela apenas hace tres años, todavía no has cambiado tanto. Y en cada gran ciudad hay pordioseros hoscos y borrachos. ¿Te pongo café? Tercera pregunta: ¿por qué demonios complicaste tanto las cosas? ¿Por qué no escribiste una autobiografía normal o una novela normal? ¿Y por qué la publicaste bajo seudónimo? He encontrado la falsa página de Wikipedia, pero no le he encontrado la gracia.

Le relaté a Mateo los porqués de mi estrategia literaria y los detalles de mi gran fracaso. Intenté que entendiera que el protagonista de Todas las almas era y no era yo, como si alguien me hubiera agitado profundamente el yo, dejándolo bien desordenado. No lo convencí:

—Toda esta explicación está muy bien, pero estos enredos de la identidad me parecen fuegos artificiales, triquiñuelas de la literatura posmoderna. ¿Te sirvo un poco de vodka? Cuarta pregunta: ¿tienes hermanos? JM dice que tiene tres y supongo que tú no.

Le conté a Mateo que yo solo tenía una hermana menor y que vivía en Bristol con su novio, inglés. De hecho, fue durante una visita a Bristol cuando se me ocurrió la idea central de Todas las almas: contar las vivencias de un profesor español en Inglaterra. Sin embargo, mi hermana me recomendó que mejor la ambientara en Oxford, porque su universidad tenía mucho más caché. En la novela, Eric Bayes, el hijo de la amante de JM, estudia internado en un colegio de Bristol: es un pequeño guiño a mi hermana y su contribución al proceso creativo.

—Pues yo no tengo hermanos. Y en Bristol no he estado nunca, he oído que no está mal. ¿Café? Me gustó mucho el capítulo en que JM va a una discoteca llena de "gordas infames" y de "dandis rurales" y liga con Muriel, una de estas gordas. Es una escena bien grotesca, incluido el sexo posterior. Quinta pregunta: ¿te inspiraste en un evento real? Porque en Cracovia no tienes tanta suerte...

Le dije a Mateo que Muriel estaba directamente inspirada en Muriel, una exnovia. Habíamos salido en la universidad, pero ella se burlaba de mi vocación literaria y criticó duramente uno de mis relatos, "El internet tan temido". Y, bueno, también me puso los cuernos. Por eso me vengué de Muriel incluyéndola en mi novela: pensé que leería Todas las almas y se indignaría, porque, además de ser llamada "gorda infame", Muriel le chupa la polla a JM. No pasó nada: solo silencio.

—Bueno, como mínimo Muriel no te robó una furgoneta. ¿Otro trago de vodka? Me gustó mucho que JM sea un adicto a los libros como tú y yo, y que vaya por las librerías de viejo buscando ediciones raras. También está muy bien la biografía del escritor John Gawsworth y cómo la mezclas con la trama principal. Sexta pregunta: ¿cómo te documentaste para escribir sobre Gawsworth? Porque JM le escribe una carta a un estadounidense para que le informe, pero no te veo a ti carteándote con nadie.

Le relaté a Mateo que siempre me habían llamado la atención los escritores raros, como John Gawsworth, y que para documentarme en realidad solo usé internet. Sin internet, no podría escribir. Sin internet, no sabría escribir. En la Wikipedia se podía encontrar muchísima información relativa a John Gawsworth, seudónimo de Terence Ian Flytton Armstrong: biografía, obras publicadas, etc. A partir de ahí, no fue difícil encontrar páginas más especializadas, incluso algún libro.

—Fíjate, ahora tengo curiosidad por leer algo del tal Gawsworth; si un libro te abre el apetito, es buena señal. ¿Otro cafecito? En el primer capítulo hablas de Will, que es el viejo portero de la biblioteca y un personaje bien interesante. Will no sabe en qué año vive, su demencia le confunde los años. JM dice de él que... —abrió su edición de Todas las almas por la página 18—, dice que "Will no sabía literalmente el día en que vivía, y así, sin que nadie pudiera predecir la fecha de su elección y menos aún saber qué la determinaba, cada mañana la pasaba en un año distinto, viajando por el tiempo adelante y atrás". Séptima pregunta: ¿qué simboliza este Will?

Le conté a Mateo que Will es el único que realmente conoce todas las almas que han pasado por la Universidad de Oxford, su único vínculo. Gracias a Will, JM no se siente tan desconectado, siente que pertenece a algo. Sin embargo, yo me inspiré en mi abuela para crear este personaje, porque mi abuela tenía alzhéimer y empezaba a sentirse tan desorientada como Will. A veces mi abuela pensaba que estaba en su infancia, otras en su juventud, confundía a su hija con su madre y tenía problemas para reconocernos... Era desolador, sobre todo para mi madre, su hija, que pasaba mucho tiempo con ella. Pero no se podía hacer mucho más que hacerle compañía. Por suerte, mi abuela tenía momentos e incluso días de lucidez y parecía que mantenía su sentido del humor.

—Siento lo de tu abuela, de verdad. Toma un poco de vodka. JM dice lo siguiente: "Ahora ya no vivo solo ni en el extranjero, sino que me he casado y vivo en Madrid otra vez. Tengo un hijo". Octava pregunta: ¿quieres casarte y/o tener hijos?

Le dije a Mateo que no y/o no.

—Vaya. Bueno, yo tampoco quiero volver a casarme, aunque quién sabe... ¿Un último café? Novena pregunta: ¿por qué viniste a Cracovia?

Le relaté a Mateo que en teoría vine a Cracovia a estudiar, pero en realidad vine a escribir.

—Creo que te equivocas —me interrumpió—. Viniste a Cracovia a vivir. Mira: estás viviendo Todas las almas. En Cracovia, tienes una vida similar a la que inventaste en Oxford, con la diferencia de que es real. Eres profesor de español, conoces gente pintoresca, sales de noche, no te sientes en casa... Quizás todavía no te ha llegado el momento de escribir otra novela. Ya llegará, ¿no? Antes necesitas vivir. Venga, un último vodka: ¡por la vida! Décima pregunta: ¿cuándo es tu cumpleaños?

—El 27 de septiembre. ¿Por?

—No me jodas, en la Wikipedia pusiste que el cumpleaños de Javier Marías es el 20 de septiembre. Bueno, da igual. Tengo un regalo de cumpleaños para ti: el 20 de septiembre podrás ser Javier Marías. Podrás representar tu obra de teatro, jugar al escritor durante un día. He hablado con Todo en Español y organizaremos una presentación de Todas las almas. Les he dicho que Javier Marías es amigo mío, que nos conocimos cuando los dos vivíamos en Inglaterra. Están muy entusiasmados con la visita de un escritor español, aunque sea tan desconocido como Javier Marías. Haré fotocopias de tu libro para que todas las almas hispanohablantes de Cracovia puedan leerlo. ¿Qué te parece?

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