domingo, 21 de agosto de 2016

Sobre 'Paseos con mi madre' de Javier Pérez Andújar

Siempre que hablábamos de novelas de Barcelona, la bibliotecaria del Instituto Cervantes de Cracovia me recomendaba Paseos con mi madre (2011) de Javier Pérez Andújar, un escritor de San Adrián del Besós. Pero yo seguía posponiendo su lectura: ¿cómo iba a leer, ay mi madre, un libro con un título tan feo? Al final la bibliotecaria me convenció porque me envió "Mendoza en Cracovia", una crónica de Pérez Andújar sobre la visita de Eduardo Mendoza a la biblioteca del Cervantes de Cracovia. La primera frase ya me persuadió de leer más: "Hace unos días me fui del bloque en el que vivo al bloque del Este, donde ya no vive nadie, y acabé en Polonia".

En la otra punta de Europa, en la Universidad de Almería, mi amigo Luis conoció para mi envidia a Antonio Orejudo, uno de mis escritores españoles favoritos. El destino quiso que Orejudo le recomendara a Luis el mismo libro de Pérez Andújar, quiero pensar que al mismo tiempo que me lo recomendaban a mí.

Cuando hablamos de su encuentro con la emoción de dos groupies y Luis me iba desgranando lo que Orejudo le había contado, supe que tenía que proponerle que leyéramos el libro y luego lo comentáramos juntos: él desde Granada, donde entonces vivía, y yo en Cracovia, donde sigo viviendo. El día acordado llegó y ambos nos conectamos a Skype para charlar de Paseos con mi madre. Quedaba inaugurado nuestro club de lectura internacional. A pesar del calor veraniego y de las interrupciones de los ruidosos trenes que pasan frente a mi ventana (Luis nos comparó con "las llamadas de Gila"), fue una conferencia muy fructífera. Tanto, que Luis escribió una reseña del libro en su blog y yo, ahora, otra.

* * *

En Paseos con mi madre, Javier Pérez Andújar solo pasea con su madre en el primer capítulo, aunque este paseo sirve de pretexto para desatarle la memoria y el ensayo al autor y para que el lector lo acompañe. Como casi todas las obras de Francisco Umbral y como The Book of My Lives de Aleksandar Hemon (que acabo de reseñar), Paseos con mi madre combina el recuerdo y la reflexión para fraguar la propia identidad. Los paseos los da Pérez Andújar por sí mismo: pasea por su infancia, por sus ciudades y por sus barrios y por sus bloques, por su desarraigo, por sus gustos literarios y musicales, por sus trabajos, por sus amigos, por sus lenguas, por sus padres.

A pesar de lo que diga la WikipediaPaseos con mi madre no es una novela: es el libro que Umbral habría escrito si hubiera nacido en San Adrián del Besós en 1965. Y Umbral no escribía novelas ni cuando escribía novelas. La escritura de Umbral es siempre 100% ensayística: mediaciones sobre sí mismo y sobre el mundo para entenderse a sí y al mundo, es decir, para construirse como persona y personaje. Y la escritura de Umbral también es siempre 100% poética, muy consciente de la palabra usada y muy dada a manosearla, a ensayar también con ella.

Sin embargo, limitarse a equipararlo con Umbral es quedarse corto, porque Pérez Andújar no es un imitador, en todo caso es un discípulo. Como su maestro, el discípulo disecciona por escrito su desarraigo; en cuanto al estilo, reduce el porcentaje de poeticidad al, digamos, 75%, y aumenta la proporción de lenguaje callejero, con lo cual la prosa del discípulo, más contenida, supera en agilidad y legibilidad a la del maestro (para mi gusto, claro).

Pero Umbral no es el único maestro de Pérez Andújar, otros maestros también aparecen en Paseos con mi madre, porque la identidad se forja combinando ejemplos y modelos. Y aunque él parece rechazarlo, creo ver en la figura de Juan Marsé a su segundo maestro (paradójicamente, fue Marsé quien acuñó el sintagma "prosa sonajero" para atacar a Umbral). En esta cita, se encuentran las filias y las fobias de Pérez Andújar:
"Es en el Guinardó donde transcurren la mayoría de las novelas de Juan Marsé, autor al que copiaré menos que a Umbral, quizá por mi incapacidad de ser de Barcelona. Y sin embargo, si pudiese formar parte de la ciudad quisiera hacerlo precisamente a la manera de Marsé, desde mi barrio, poniendo las películas del Oeste por delante de los libros por no vacilarle al personal o también por vacilarle, ahorrando siempre palabras para no tener que pronunciar las de los pijos".
De Umbral toma el tono, mientras que de Marsé saca la visión crítica de Barcelona. Y es que Barcelona es esencial para Pérez Andújar; desde los bloques de San Adrián del Besós, odia a Barcelona y la ama al mismo tiempo, a la vez quiere y no pertenecer a ella y a su cultura. De esta tensión surgen su identidad, su desarraigo y unos fragmentos brillantes: "Antes que sentirme de ningún país, de ninguna patria o nación, voy a pertenecer a la internacional de los bloques". La única crítica que le puedo hacer a Paseos con mi madre también sale de aquí: a menudo, el orgullo que demuestra por su barrio me resulta excesivo, así como la nostalgia que recorre los recuerdos de las derrotas políticas y sociales que sufrió la clase obrera durante su infancia y juventud.

Me arrepiento de no haber leído estos geniales Paseos con su madre en su momento, a finales de 2011 o durante 2012, porque era la época idónea: Xavier Trias acababa de hacerse con la alcaldía de Barcelona y la bola de nieve del procés independentista empezaba a coger velocidad. Pero este verano de 2016 las circunstancias también son propicias. La nueva alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, eligió a Pérez Andújar como pregonero de las fiestas de la Mercè. Y se desataron los ataques de cierto sector del independentismo, porque Pérez Andújar es muy crítico con el proceso soberanista.

Por mi parte, será el primer año que le preste atención al discurso de la Mercè, aunque no estaré en Barcelona. En cuanto a Luis y a nuestro selecto club de lectura internacional, nos hemos propuesto leer en septiembre Catalanes todos, también de Javier Pérez Andújar.

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