martes, 31 de octubre de 2017

31 de octubre. Carmen Laforet, 'Nada'

No sé si lo que voy a decir es una boutade o una obviedad: Nada (1944) de Carmen Laforet es la obra literaria más importante del siglo XX español. No creo que sea la mejor, ojo, ni mucho menos, ni tampoco la más interesante o bien escrita, de hecho es probable que haya envejecido mal; no, lo que yo digo es que me parece la más importante para la historia de la literatura española. Pero ¿por qué Nada?

En primer lugar, porque divide el siglo XX literario en dos mitades con más precisión que el cuchillo de la Guerra Civil: antes de Nada están las Generaciones del 36, del 27, 14 y 98, entre otras, que no tienen casi nada que ver con la novela de Laforet; después, Nada engendra la Generación del 50 y su realismo social y, más indirectamente, el experimentalismo de los sesenta, la novela de la democracia y demás. Por otro lado, Nada consagra definitivamente a la novela como el género literario por excelencia del siglo XX, destronando a la poesía. Además, Carmen Laforet dio el primer paso de otro giro copernicano en la literatura española: Nada trasladó la capital de la República de las Letras a Barcelona por partida doble: por un lado, por haberse convertido en modelo de escritora catalana o barcelonesa que escribe en español y, por el otro, porque Nada es un notable eslabón de la llamada Gran Novela de Barcelona. Sin embargo, uno podría argüir que, por ejemplo, La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela tiene méritos similares a los de Nada y que, además, es anterior, de 1942; pero yo sigo creyendo que no ha sido tan influyente y, sobre todo, no la escribió Carmen Laforet. Porque quizás la importancia de Nada no reside tanto en el texto como en el contexto y en su autora, en la figura de Laforet: por primera vez en la historia de la literatura española, es una mujer la que lidera un gran hecho literario. En el Barroco, a María de Zayas le hicieron sombra Quevedo, Cervantes o Calderón de La Barca; durante el Romanticismo, Rosalía de Castro fue eclipsada por Bécquer; las escritoras del Realismo Fernán Caballero (Emilia Böhl de Faber) y Emilia Pardo Bazán quedaron en segundo plano, detrás de Galdós y Clarín; los nombres femeninos de las Generaciones del 98 y del 27 apenas están siendo reivindicados ahora, con demasiado retraso (véase el libro de Las Sinsombrero). A diferencia de ellas, Carmen Laforet logró romper este molde maldito y les proporcionó un nuevo modelo a las escritoras que vinieron después: sin el precedente de Laforet y Nada, el acceso al campo literario les habría resultado aún más difícil a Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Josefina Aldecoa y otras.

Sin embargo, ¿todavía merece la pena leer Nada en el siglo XXI, más allá de las lecturas arqueológicas de los filólogos? De nuevo, creo que sí, que la historia de Andrea en Barcelona se sigue disfrutando y le aporta mucho al lector contemporáneo. La llegada de Andrea a la Estación de Francia es uno de los momentos estelares de la literatura de Barcelona, y muchos la han imitado u homenajeado después. En cuanto al argumento, se puede decir que en Nada no pasa nada sin sorprender a nadie: presenta la vida cotidiana y gris de una chica recién llegada a Barcelona durante la primera posguerra. Nada no es una novela de argumento ni de personajes sino de atmósfera, en la que se pueden palpar el embrutecimiento y la opresión de la dictadura. Es, además, una novela subjetivista, donde prima la visión del mundo de Andrea, como reivindicarán los novelistas españoles a partir de los 60. Y también es la mejor representante española del existencialismo, corriente que en España tuvo que esperar hasta el fin de la Guerra Civil para soltar su más bello y desgarrado grito.

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