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martes, 4 de octubre de 2016

Folletines veraniegos online (1)

Todos estamos de acuerdo: las lecturas son para el verano. Durante el invierno las vamos acumulando en la mesilla, como también almacenamos chichas y lorzas en el vientre, y luego en verano las consumimos, o al menos lo intentamos. Especialmente las novelas, el género literario más extenso, rico en grasas y pausado y que, por eso, más se amolda a priori al tempo veraniego. Si tenemos vacaciones, podemos leer en el tren, en el avión y allá donde vayamos; si no, el ritmo de trabajo de julio y agosto se relaja hasta hacerles sitio a unas cuantas lecturas.

Pues en un artículo publicado a finales de este julio, Javier Marías decía que no: "En agosto consigo acabar dos o tres obras, si no son demasiado extensas". ¿Cómo es posible que Marías solo lea tres novelas en treinta días? El escritor madrileño opinaba que precisamente en verano se leía menos porque las vacaciones son cortas y ajetreadas, así que el tiempo libre del que disponemos lo acabamos empleando en cualquier otra actividad. A no ser que seamos muy pertinaces: "En vez de dejarnos invadir pasivamente por los libros, hemos de ser activos, y obstinados, y luchar por hacerles sitio contra todos los elementos".

No le falta razón a Marías. Por suerte, yo me empeciné y conseguí leer bastante; prueba de ello es que leí y reseñé una novela e hice lo mismo con uno y dos ensayos. Como en anteriores veranos, además de libros en papel leí mucho online: folletines o, más bien, series de artículos que componen una narración o un ensayo. Todos tienen en común la publicación por entregas en internet, por un lado, y un estilo y/o temática ligeros, óptimos para la lectura en el ordenador y en verano, por el otro.

He aquí mi lista de folletines veraniegos online.

* * *


"Destino Las Vegas" de Jordi Puntí

Más que una novela, "Destino Las Vegas" es un relato largo, y tampoco demasiado. Solo tiene cinco capítulos que se pueden leer sin problemas de una sentada. El argumento es sencillo: el narrador, el mismo Jordi Puntí, se reencuentra con Mike Franquesa, un peculiar conocido que le contará qué ha hecho los últimos años en Las Vegas. El estilo también es sencillo, y directo y ágil, a diferencia de la prosa más bien barroca de su novela Maletes perdudes. En resumen, nos encontramos con un relato autoficcional solvente y entretenido, 100% veraniego.


"Lectura y vida" de Juan José Millás

Recomendar a los jóvenes que lean es predicar en un desierto postnuclear, pero Juan José Millás se ha atrevido a hacerlo en "Lectura y vida", un ensayo dividido en seis entregas. Aunque, para ser más precisos, Millás nos recomienda que leamos a todos, seamos jóvenes, adultos o viejos. Sin embargo, el punto de partida son sus experiencias dando charlas en institutos para tratar de estimular la lectura de los adolescentes españoles. No dice nada nuevo: leer ayuda a comprender el mundo, a encontrar trabajo, a desarrollar el pensamiento crítico, etc. Sin duda, lo que merece la pena del texto son sus anécdotas y ejemplos, muy millasianos.


"Brexitraíl" de Miqui Otero

De nuevo, "Brexitraíl" no es una novela, y tampoco es un relato de ficción ni un ensayo. En este caso, es una crónica: un viaje por la Gran Bretaña post Brexit. A diferencia de la mayoría de folletines, la narración de Miqui Otero está relacionada con el presente. Sus divertidas andanzas nos llevan de Brighton a Tetbury, pasando por Gales y Liverpool, donde conocemos a personajes estrambóticos que votaron sí al Brexit y podrían haber salido de Miedo y asco en Las Vegas o de cualquier otro libro de periodismo gonzo. Las múltiples referencias a la cultura británica acaban de aderezar unas crónicas muy divertidas.

jueves, 28 de julio de 2016

Pausa de agosto

He fracasado, como era de esperar: no he terminado de escribir la novela a tiempo. Me propuse acabar las Mateorías antes del 29 de julio y no lo he logrado. Habría querido llegar a España con una novela bajo el brazo, pero nanay. Así, mañana por la mañana, desde el aeropuerto de Cracovia hasta que el avión aterrice, solo pensaré que me comprometí y me he fallado a mí mismo. Todo esto pensaré mientras sobrefracaso los cielos.

Mentira: pensaré que voy a pasar unas merecidas vacaciones (de trabajo y de escritura) y que por fin voy a ver a mi familia y amigos. Aunque esperaba escribir la novela antes del 29 de julio, me di un segundo deadline, previendo el fracaso: el 27 de septiembre, el día de mi 30 aniversario. Terminarla en julio habría sido rizar el rizo.

Y lo que he conseguido hasta ahora tampoco está tan mal. Del 1 al 29 de julio he escrito 10 capítulos, es decir, 45.883 palabras, o sea, 101 páginas. Y lo más importante es que son 10 capítulos de los que estoy orgulloso, como del resto de la novela.

En resumen, este mes de fracaso ha sido una experiencia fantástica. Por primera vez, me he dedicado en cuerpo y alma a escribir: mañana y tarde y alguna noche delante del ordenador, tecleando y releyendo y corrigiendo hasta no poder más. Estos últimos días he intentado terminar el siguiente capítulo de las Mateorías, el veintiuno, pero ha sido imposible, ya que estoy agotado y con el cerebro seco como una nuez. Es un estilo de vida duro y solitario, pero muy gratificante. Ojalá pueda repetir.

Gracias a la publicación de la novela en el blog, he recibido el feedback y el apoyo de algunos lectores de las Mateorías.  No son muchos, pero su compañía es muy grata.

La primera lectora es mi novia, Ivana, aunque en realidad ella no ha leído nada, ni una sola frase. Sin embargo, le he ido resumiendo en inglés cada capítulo, mientras lo escribía o cuando ya lo tenía terminado. Es muy difícil captar la atención de esta no lectora, pero de vez en cuando a Ivana le interesaba lo que le contaba, sobre todo si conocía la anécdota que inspiraba la escena o si el episodio no iba de libros ni de fútbol. El día en que se enteró de que ella no aparecería en las Mateorías, se cabreó bastante, porque es una no lectora muy exigente y con ínfulas de personaje. Intenté explicarle que el protagonista de la novela no era yo, sino alguien que se parecía a mí. Le dije que las Mateorías son autoficción, una mezcla de autobiografía y ficción, es decir, un trampantojo, o sea, una ilusión literaria más vieja que andar a pie.

—Más bien es una desilusión —me dijo Ivana—. Vaya mierda de libro, si no salgo yo.

Traté de compensar su decepción diciéndole que en esta "Pausa de agosto" aparecería ella e incluso diría un par de frases, pero no funcionó. Me lo merezco, por liar las cosas de la realidad y la ficción.

La segunda lectora de las Mateorías es mi madre, que sí me lee y siempre le gusta todo lo que publico. Excepto las veces en que hablé de gente real o usé nombres reales. Así que, cuando acabé el capítulo siete, en que el narrador habla de su madre, tuve que advertirle a mi madre: tu no ets la mare de la novel·la! Es decir, que lo que le pasara a esa madre y lo que se dijera sobre esa madre nada tenía que ver con mi madre.

Los comentarios de los otros lectores, en persona o en línea, también han sido muy positivos. Incluso los lectores potenciales: todavía no he leído nada, es que es muy largo. Los demás, los sí lectores, me han felicitado, aunque supongo que habrá a quien no le estén gustando las Mateorías. Algunos me recriminaron que tardaba mucho en sacar nuevos capítulos y que luego no se acordaban de lo que había pasado en los anteriores; les contesté que ellos eran lectores experimentales, que leían a lo que salga, para lo bueno y para lo malo. Mi excusa no les satisfizo, por supuesto. Y a mí su insatisfacción tampoco me convenció, por lo que decidí tomarme sus críticas como alabanzas.

He disfrutado mucho con las preguntas y las hipótesis de los sí lectores. Especialmente de las mateorías que ingeniaban los profesores con quienes trabajo, muy suspicaces siempre.

Cuidado: parecen preguntas retóricas pero en realidad son spoilers mateóricos:

¿De verdad te pasó eso de la sardana en la discoteca? En el capítulo quince, el baile protector de Mateo en De Cafencia lo sacaste de lo que nos contó tal día tal profesor, ¿verdad? ¿En tus clases de español llamas maricas y maricones a los reyes españoles y les muestras imágenes de actores porno a los estudiantes? ¿Y quién demonios es Mateo? ¿Aquel madrileño que ya no está en Cracovia? ¿O el ciudadrealeño que se carcajeaba tan fuerte y también se fue? ¿Mateo eres tú? ¿Y la directora cubana? ¿Tenías una gata llamada Tutaj? ¿El profesor mexicano es ese mexicano que bebe vodka de membrillo? ¿El argentino es aquel que ya regresó a la Argentina? ¿La academia de español es la escuela donde trabajamos juntos?

Otro sí lector me dijo que Facu le resultaba demasiado irritante. Ya, es que tiene que ser irritante, le respondí, tratando de defendernos. Sí, es irritante, me contestó el lector, pero leerlo también resulta irritante. Después me propuso matarlo: el vecino rumano lo ahoga con la almohada o se electrocuta con su portátil en la bañera o el exceso de pollo frito le causa un infarto. No, imposible, le tengo mucho cariño a Facu.

Un amigo de Badalona, que también es sí lector, me hizo una extraña petición: cómprame una taza del papa, de el papa. Quería una taza de Juan Pablo II como la que tiene Mateo. Así que tuve que pasar por todas las tiendas de souvenirs de Cracovia, en plena euforia católica de la JMJ, para cumplir el encargo. Hordas de jóvenes bárbaros se abalanzaban sobre los recuerdos como si fueran víveres en plena guerra: imanes de Cracovia, llaveros del dragón de Wawel, ceniceros con versículos, crucifijos de la JMJ, camisetas con el rostro de una monja, gorras del papa Francisco, insignias de la Virgen de Nosequé, etc. Pero no me quedaba otra opción porque, por supuesto, no iba a regalarle la taza de Juan Pablo II que tengo en casa.

Un excompañero de universidad me mandó un correo electrónico indignadísimo. Venía a decir lo siguiente: ¿por qué demonios en tu novelucha Messi juega en el Real Madrid? ¿En qué mundo jugaría Cristiano Ronaldo para el Barça? Los culés de verdad como yo lo encontramos ofensivo, repugnante, insultante.

Un amigo y compañero de trabajo me ha escrito hoy mismo por Facebook: "no sé cómo acabarán las Mateorías, pero yo ya tengo una idea de cómo serán las últimas líneas". Seguro que él no es mentalista, porque yo no sé ni cómo terminará la novela ni qué líneas lo harán. Le he pedido que me revele el final para ahorrarme el esfuerzo mental, pero no ha querido. Hemos apostado un vodka de avellana a que acertaba.

Una polaca, exalumna de uno de los profesores, se me acercó para decirme que ella también era sí lectora. Y también quería aportar su granito de arena a la conversación mateórica:

—En el capítulo quince, llamas "heroica ciudad" a Cracovia. ¿Por qué? Aunque me guste mucho, no me parece que mi ciudad sea muy heroica. Por ejemplo, cuando los nazis la invadieron en 1939, Cracovia no se defendió. No pudo defenderse, solo rendirse. Luego Hitler convirtió Cracovia en la capital del Gobierno General. Y no te puedes imaginar cuántas veces más ha sido conquistada. La leyenda del trompetista que salvó a la ciudad de los mongoles es la excepción que confirma la regla.

Como buen profesor, le expliqué que ese capítulo, que empieza con la frase "La heroica ciudad no dormía nunca la siesta", era un plagio o parodia del inicio de La Regenta: "La heroica ciudad dormía la siesta". Las descripciones del viento, de los turistas y de las torres de la basílica también querían ser un homenaje a la novela de Clarín.

¡Qué triste es hacer un comentario de tu propio texto! No volveré a hacerlo.

Otro sí lector encomió el poema del capítulo dieciocho: "Llora en mi corazón / como llueve sobre Cracovia; / ¿qué es esta languidez / que penetra mi corazón?". No le dije que se trataba de un conocido poema de Paul Verlaine. Otro me comentó que le gustaba mucho un fragmento del capítulo nueve que resulta ser un fragmento de "Nowhere Man", la canción de los Beatles, traducido al español. Otro loó una cita de Jorge Luis Borges. Otro admiró una frase de El principito.

Justifiqué mentalmente estas viles apropiaciones con las palabras del profesor Yono Leo: lee sin parar, copia sin piedad. Pero el impiadoso destino siempre tiene la última palabra: todos los elogios que he recibido han sido por fragmentos robados a otros escritores. A los lectores les gusta más lo que copio que lo mío propio. El viejo muere, la niña vive: me parece justo.

Ojalá más gente leyera estas Mateorías: así podría relatar más cotilleos de los lectores. Quizás entonces, cuando más personas me comenten lo que piensan o me pregunten por los personajes de la novela o me cuenten qué sé yo, podré escribir mi Negra espalda del tiempo. El autor de Negra espalda del tiempo es Javier Marías. Este libro excepcional es una especie de autobiografía: Marías narra la influencia que tuvo en su vida la publicación de Todas las almas, una novela escrita diez años antes. En Negra espalda del tiempo habla del revuelo que causó Todas las almas en Oxford, de cómo los profesores trataban de identificar a los personajes como si fuera una novela en clave, pero también de la fama que le dio y de cómo sus estudiantes de la Complutense de Madrid le preguntaban por la salud de su hijo, el hijo del personaje de Todas las almas. En fin, es una novela de cotilleos genial, unas memorias fabulosas en las que los juegos entre realidad y ficción son insuperables. Si las Mateorías tuvieran más lectores, quizás yo podría escribir algo similar a Negra espalda del tiempo y tendría el honor copiar a Javier Marías.

El 15 de agosto, volveré a sobrefracasar los cielos de Europa: desde el avión Madrid-Cracovia no pensaré en todo esto, sino en las Mateorías que me quedan por escribir.

domingo, 17 de julio de 2016

Mateorías (17)

(Aquí se podía leer el capítulo 17 de la novela Mateorías de Guillem González. ¿Y qué pasaba en este capítulo? Mierda, no me acuerdo. Lo he borrado demasiado rápido, jo.)

martes, 12 de julio de 2016

Mateorías (15)

(Aquí se podía leer el capítulo 15 de la novela Mateorías de Guillem González. ¡Javier Marías vino aquí a hablar de su libro, o sea, Todas las almas!)

domingo, 9 de agosto de 2015

Sexto encuentro con los Apocrifílicos (VI)

Frente a Honoriusz sólo había una compota y un café con leche, así que supuse que Stanisław se había enfadado por mi broma apocrifílica. Quizá debería haberles dicho en la última reunión que Javier Marías no era un falso autor, sino que estaba vivito y coleando en este nuestro mundo de escritores y lectores reales. Y que sus obras no eran falsas, sino de lo más existentes. Y que la falsa reseña "Examen de la obra de Javier Marías" no era anónima, sino fruto de mi cálamo, como dicen los poetas.

Pero creí que los Apocrifílicos tendrían sentido del humor apocrifílico. Si nos encargamos de catalogar la literatura apocrifílica, ¿qué mal hacemos al contribuir personalmente a aumentar la lista de obras? Entre inventariar e inventar literatura apocrifílica no hay más que un paso lógico. De hecho, cuando el mes anterior acabé de leerles el "Examen de la obra de Javier Marías", pude comprobar que las reacciones no habían sido para nada negativas. Stanisław, que es quien parte el bacalao, pareció aprobar el texto que torpemente les traduje del español al inglés: brindemos con nuestras compotas, clamó al final. Michalina comparó el gusto de Javier Marías por lo apócrifo con el de Borges y Bioy Casares. Honoriusz, por su parte, sugirió que quizá Roberto Bolaño era el autor anónimo de la falsa reseña, a pesar de que Marías no fuera un escritor filonazi como los de La literatura nazi en América. Entonces me mordí la lengua, pero me acordé de las alabanzas que Bolaño le dedicó en vida al auténtico Marías, y de las que este le ha dedicado a aquel, aunque lo había leído tarde porque está publicado en Anagrama, editorial con la que el autor español estaba peleado. Seguro que a Bolaño le habría encantado inventar a Marías.

Honoriusz me miraba más serio que nunca, como si yo fuera un estudiante de su gimnazjum que se hubiera pasado con una gamberrada. BAL estaba casi vacío —sólo otra mesa ocupada—, como cualquier otro sábado a las cinco de la tarde. Bajo el minimalismo extremo de BAL se escondía una antigua nave industrial convertida en bar-restaurante; el color blanco de las paredes, las columnas, el suelo y las sillas aumentaban la sensación de silencio. Durante el día solía haber solitarios que buscaban un lugar tranquilo donde trabajar o relajarse, parejas e incluso familias más o menos alternativas; por la tarde se vaciaba y con la caída de la noche se volvía a llenar. Honoriusz no se decidía a hablar, quizá se sentía en armonía con un espacio tan silencioso, tan zen.

—Supongo que ya sabes por qué los demás no están aquí, ¿no? —dijo, por fin, y bebió un trago de su compota como lo haría un detective de novela negra.

Supuse que aquello era una despedida. Con los Apocrifílicos no se bromeaba. La literatura apocrifílica era algo serio, ya me lo había dicho Stanisław alguna vez. Pero si hubieran venido los tres, quizá podría haberme disculpado. Les habría dicho que, de entre todas las mentiras, la mentira literaria es la más noble, o algo así. Pero tenía que prepararme para lo peor: ¿la simple expulsión?, ¿la extorsión?, ¿la violencia física?

—Supongo que sí —le contesté—. Debe de ser por el "Examen de la obra de Javier Marías".

—Efectivamente.

—¿Tan grave es que no han querido venir?

—Bueno, yo no diría grave. Traducir un texto es un trabajo difícil, y no tienen mucho tiempo libre. Por eso lo hacen durante el fin de semana, cuando ambos están disponibles. Además, no entienden el español perfectamente. Stanisław es bastante bueno, de hecho lee todo lo que escribes en tu blog. Y Michalina domina muy bien el inglés. Así que trabajan en equipo: él lee tu "Examen de la obra de Javier Marías" en español y lo traduce al rumano, mientras que ella lo retraduce al inglés. Así tendremos tu falsa reseña en inglés y podremos añadirla a nuestra Breve y parcial pero verdadera historia de la falsa reseña.

—¿Cómo?

—¿Cómo, qué? Te digo que Stanisław y Michalina están en su casa, traduciendo. Por eso no han podido venir.

—¿Y no vais a expulsarme del grupo? ¿No me mandaréis al gulag? ¿No me torturaréis? ¿No le haréis chantaje a mi familia?

—¿Por qué? No era tan, tan mala, la falsa reseña. Aunque tu interpretación en inglés dejaba bastante que desear.

—Qué alivio —respiré confortado—. Pensé que os habíais enfadado porque no os dije que yo había escrito el texto.

—Oh, no. Al principio nos engañaste, no te creas. Michalina dijo que le sonaba alguna de las novelas que habías comentado, pero no le dimos mucha importancia; Stanisław le dijo que alucinaba y yo no leo mucho, por lo que el nombre tampoco me decía nada. Pero cuando Stanisław buscó información en Google, encontró la página de Wikipedia de Javier Marías. Pensó que quizá el autor de la falsa reseña la había creado para darle verosimilitud a su mentira. Pero el falso novelista tenía página en rumano y en húngaro: aquello era demasiado real para una ficción, incluso una apocrifílica.

—¿Y cómo supisteis que yo era el autor?

Honoriusz tardó unos segundos en responder, retrasando su intervención como un detective de película.

—Muy fácil. La única referencia que encontramos en Internet al título de la falsa reseña provenía de tu blog. Aún cabía la posibilidad de que alguien te hubiera mandado un correo con el texto, pero era altamente improbable. Colgamos los anuncios en muchos sitios, pero no creo que los españoles que lo leyeran estuvieran muy interesados: los españoles que vienen a Cracovia no han abierto un libro en su vida. Podría ser que alguien hubiera leído alguno de los posts en los que incluías la dirección de correo de la Hermandad, pero Stanisław dijo que tu blog no lo leía nadie más que él.

—Vaya. Qué decepción: pensaba que me expulsaríais de la Hermandad...

—Oh, no. De hecho, no creas que eres el único que escribe. Michalina también lo hace, y muy bien. A veces escribe falsas reseñas, por supuesto. Le han publicado alguna en Underneath the Bunker.

—¿Eso no es una canción de R.E.M.?

—Quizá también, no sé. Underneath the Bunker es una página web de falsas reseñas. Su falso administrador es un tal Georgy Riecke, especialista en Literatura de Europa del Este y falso reseñador de un buen puñado de falsas novelas.

—Competencia directa para la Hermandad de los Apocrifílicos, ¿no?

—No exactamente. Underneath the Bunker crea nuevos contenidos; nosotros compilamos antiguos.

—Pero me has dicho que Michalina ha escrito varias falsas reseñas.

—Sí, sí, y tú también has escrito por lo menos una. Así que ya ves que no somos tan originales. Pero como mínimo nosotros vivimos y existimos: además de ser un ente de ficción, Georgy Riecke murió en febrero de 2015 al caer de un árbol. Cuando nos encontremos con los demás, deberíamos debatir la posibilidad de crear, además de coleccionar y ordenar. ¿Tú has escrito, Gienek, más falsas reseñas?

—Pues no. De hecho, si escribí el "Examen de la obra de Javier Marías" fue porque no recibíamos nada. Estábamos estancados.

—Puede ser. ¿Y has escrito algo interesante? Me gustaría leer tu blog personalmente, pero no sé leer en español.

Le resumí el argumento del último relato que había escrito, "Las lenguas de Kuba". Kuba es un testigo de Jehová que vive en Cracovia. Yo soy su profesor de español, aunque un profesor de español un tanto especial: le enseño neoespañol, un español inventado sólo para él. Además, cuando me habla de religión me habla en nolengua, un idioma totalmente incomprensible. El pobre Kuba, manipulado por mí, acaba hablando dos lenguas que no habla nadie.

—Te he preguntado si habías escrito algo interesante —me cortó de repente Honoriusz, adoptando el rol del poli malo—. Este relato es completamente inverosímil. En Cracovia hay muchísimos testigos de Jehová que hablan español, no sólo este tal Kuba. Podría haber aprendido español con ellos. Y no son tan radicales como los pintas, así que podría haber estudiado en una academia de idiomas como la tuya. Quizás las bromas con el lenguaje sean divertidas, pero a mí me parecen estúpidas: ¿decir me cago en Dios en vez de creo en Dios?; por favor. Eso sí, en el túnel del que hablas siempre hay un par de testigos de Jehová con folletos en inglés, polaco, español y otros idiomas; sin embargo, no te molestan si no quieres hablar con ellos. Ahora de verdad: ¿has escrito algo interesante?

Le resumí el relato "Bib(L)iografía". Es un recorrido nostálgico por algunas bibliotecas importantes para mí: la de Cracovia y unas cuantas de Barcelona, sobre todo.

—Te he dicho interesante, no pedante ni sentimentaloide —me interrumpió Honoriusz.

Le resumí el relato "Muros y banderas". Un estudiante del gimnazjum protesta porque le he bajado la nota a causa de una falta de ortografía; para que el alumno quejica entienda la importancia de las faltas de ortografía, le hago a toda la clase un dictado un poco esperpéntico. Al mismo tiempo, recuerdo un problema que tuve en Cracovia causado por una bandera independentista y una bandera española.

—Gienek, Gienek: aún confundes interesante con cargante.

Le resumí el relato "Colonias nazis en Auschwitz". Durante el reencuentro con un amigo del Erasmus, este me cuenta las extrañas colonias que acaba de vivir en Oświęcim, más conocida como Auschwitz. Son unas colonias temáticas: todo está relacionado con el Holocausto. Uno de los estudiantes tiene una peculiar relación con la Shoah: es un filonazi que tiene ganas de provocar al personal y hablar sin pelos en la lengua de nazismo, judaísmo, nacionalismo y lo que sea.

—Por Dios, Gienek, esto es más improbable que lo del testigo de Jehová. Ya basta. Suerte que no puedo leer en español, acabaría odiando lo que escribes. No te lo tomes a mal: sólo escribes sobre ti y sobre personas raras a las que conoces o inventas sin mucha verosimilitud. Pero no te enfades, no me mires así. Hay que tomarse bien las críticas. Venga, venga, tranquilízate. Eso es, acábate el café con leche. ¿Quieres algo más? ¿Una compota? ¿No? ¿Seguro? Bueno, pues, cuéntame: ¿ahora estás escribiendo algo verdaderamente interesante?

—Pues sí. Estoy escribiendo un relato sobre un guitarrista mexicano que vive en Cracovia. Está enamorado de una polaca, pero esta pasa de él. Yo lo conozco en diversos sitios: primero en un concierto, luego en un restaurante mexicano, otro día en el tranvía, y finalmente en mi escuela de idiomas: el tipo se mete a profesor de español. Entonces entablo amistad con él y me cuenta su trágica e intrigante historia de amor.

—¡Por Imre Kertész! ¿Es que tienes que aparecer tú en todas las historias? Date un respiro, Gienek. ¿Y una historia de amor entre un guitarrista mexicano y una polaca? Pensaba que ya nadie escribía historias de amor. Venga, estrújate un poco más el melón: seguro que tienes otros relatos o novelas más interesantes en mente.

—Pues sí. Pero también es un relato autoficcional, aunque con mucha fantasía. Estoy planeando escribirlo en verso y no en prosa, para variar. Además, la poesía está volviendo, ya tú sabes. En este relato yo sería el protagonista directo, claro, pero en un futuro cercano: tendría treinta y cinco años, es decir, estaría "a mitad del camino de la vida". No, no me interpretes mal: no sería ciencia-ficción. Estaría, efectivamente, en plena crisis de madurez. Un día me encontraría perdido en un bosque y se me aparecerían un león, un leopardo y una loba, una bestia tras otra. Sí, Honoriusz, lo sé, es inverosímil, ¡pero es que es alegórico! La cuarta bestia en aparecer sería el poeta latino Virgilio, que me llevaría de la manita al Infierno. Allí vería cosas terribles pero fascinantes: pecadores de todo tipo recibiendo el justo castigo por sus vilezas; o sea, cosas interesantes, como te gusta a ti decir. Por ejemplo, los suicidas estarían en el séptimo círculo transformados en árboles y las harpías del Infierno los torturarían; en cambio, los proxenetas y los seductores marcharían en filas golpeados por los demonios del octavo círculo. Bueno, quizá tendría que mejorar un poco las torturas, no sé. En fin, yo sería como un turista, sacando fotos a cada círculo o nivel del Infierno. Esta sería la primera parte del poema narrativo. ¿Qué te parece? He pensado que, si tuviera éxito, podría escribir una trilogía: después del Infierno, podría visitar el Purgatorio y finalmente el Paraíso.

Honoriusz meditó un rato sobre el resumen que acababa de hacerle. Tomó el último sorbo de su compota como quien apura un güisqui.

—Gienek, ya te he dicho que no siempre tienes que ser tú el protagonista. A menudo nuestras vidas son grises y aburridas: normales. A nadie le interesa la vida que puedas llevar, por mucho que vivas en Polonia. Y no basta con colorearla, ni mucho ni poco: ni con testigos de Jehová ni con una temporada en el Infierno acompañado de Virgilio. ¿Y cómo se te ocurre escribir una historia tan aburrida, con tan poca salsa? ¿Cuál es el motor de la historia? ¿Por qué vas al Infierno? Y ¿a quién puede interesarle tu experiencia allá abajo? Si te faltan imaginación o ideas, puedo contarte mi historia: dónde y cuándo nací, quiénes eran mis padres y mi familia, cómo fueron mis primeros años de vida y mi juventud, mis primeros tanteos amorosos, por qué decidí venir a Cracovia, cómo es hacerse pasar por sordomudo, cómo fundamos la Hermandad de los Apocrifílicos, cómo encontré el trabajo de guarda de seguridad en el gimnazjum, etc. ¿No te interesa? Bueno, tú veras. ¿Tienes una idea mejor? ¿Una última bala en la recámara? Venga, va, haz un último intento, exprímete del todo la sesera: seguro que aún te queda un interesante relato que quieres escribir y que no protagonizas tú.

—Pues sí. Tengo una historia que me gustaría escribir e incluso intentar publicar en papel. Creo que será un auténtico boom. Aún no le he hablado a nadie del argumento, ni a mi novia ni a mis amigos más cercanos. Espero que no se lo cuentes a nadie. Es una obra bastante larga, en prosa; probablemente me lleve unos cuantos años escribirla. Una novela de lo más posmoderna, vanguardista, rupturista. Es una novela histórica, ambientada en la España del Siglo de Oro, pero sin dar una importancia excesiva a la recreación histórica. Además, combina diferentes géneros: novela de aventuras, novela paródica, novela total, novela metaficcional, novela realista, novela polifónica, etc. El protagonista es un hidalgo venido a menos que de tanto leer novelas de caballerías se le seca el cerebro y se cree él mismo un caballero andante. ¡Imagínate: un caballero andante en pleno siglo XVI! El pobre loco se vestiría como un caballero, tomaría su viejo caballo y convertiría a un vecino en su escudero y, ¡ale!, a desfacer entuertos por Castilla. Por supuesto, sería un idealista radical y causaría más problemas de los que solucionaría. Así, salvaría a un mozo de los azotes de su amo, haciéndole prometer a este que dejaría de maltratarlo; pero, cuando el caballero y su escudero se alejaran, el amo redoblaría la dureza de su castigo. También liberaría a unos prisioneros condenados a galeras porque Dios nos ha hecho a todos libres y el hombre no tiene derecho a condenar a nadie a la esclavitud. ¿Qué ocurrencia, eh? ¡Qué crítica a nuestra hipócrita sociedad! Como ves, el pobre caballero estaría verdaderamente tarado, llegaría incluso a tener visiones. Por ejemplo, su desbocada imaginación le haría creer que unos molinos de viento eran en realidad unos gigantes, por lo que cargaría contra ellos para acabar maltrecho y por los suelos. Para parodiar el amor cortés, este pobre diablo tendría una enamorada: una bella y noble mujer que en verdad sería una fea y pobre labradora. ¿Qué te parece, Honoriusz? Sería una novela de lo más barroca, es decir, de lo más posmoderna. Una idea un poco arriesgada y compleja, pero creo que puede triunfar y gustarles por igual a jóvenes y mayores. ¿Qué me dices?

—Ay, Gienek, Gienek. Está claro que has leído demasiadas falsas reseñas. Aunque esta novela pudiera ser escrita, nadie la leería. Mejor sigue contando tus aventurillas cracovianas.

domingo, 19 de julio de 2015

Quinto encuentro con los Apocrifílicos (V)

Me dirigía a la reunión de los Apocrifílicos más contento de lo habitual: por fin habíamos recibido un email. (¡Y qué email!) Dentro del tranvía me encontré a Michalina, pero no le di la buena nueva. Tampoco le dije nada de lo que Stanisław me había contado en el último encuentro. Ella se encargó de ponerme al día de los últimos chismorreos de su salón de belleza; a cambio, yo le hablé de mi renuncia al gimnazjum y de mi trabajo en la escuela de idiomas.

—Adiós a los adolescentes, ¿no? Ya era hora, parecías un poco amargado. Tu cutis lo ha agradecido, sin duda. Mira, fíjate en estos edificios —señaló la ventana—. Qué fachadas tan desastradas. Qué suciedad, qué grisura de muros. El sol destaca aún más la inmundicia. ¿Quién aguantaría toda una vida rodeada de estos edificios churretosos? No me extraña que los polacos sean cerrados y depresivos. Aunque en Bucarest es lo mismo, ¿sabes? En eso no somos tan distintos. Si por mí fuera, los mandaría limpiar una vez al mes; es como las limpiezas faciales: sólo la insistencia compensa. Tú no te imaginas cómo cambia a las personas una limpieza de cutis: influye positivamente no sólo al que la disfruta, sino a todos los que lo miran, ¿sabes? La limpieza es felicidad epidérmica.

—Entonces —la corté—, la infelicidad o la tendencia a la depresión de los polacos no es por la falta de aseo de sus edificios sino de sus personas.

El silencioso vagón me daba la razón. Sólo hace falta pasar un par de días de verano en Cracovia para darte cuenta de que existe un problema higiénico y/o olfativo. Higiénico porque, además de los vagabundos que pasan día y noche dormitando en el transporte público, gran parte del resto de los pasajeros tampoco frecuenta en demasía el agua y el jabón. Olfativo porque, claro, narices que no huelen corazón que no siente.

—Por fin un poco de aire puro —dije cuando bajamos en Plac Wszystkich Świętych.

—Será puro en comparación con el tranvía. Porque es de los más contaminados de Europa, ¿sabes?

Subimos por la calle Bracka hacia Nowa Prowincja. Era una de las cafeterías más populares de la ciudad, también de las más literarias. Según los entendidos, uno podía encontrarse en sus mesas a la crème de la crème de la escena artística cracoviana. Para un profano como yo o el resto de los Apocrifílicos, todos parecían iguales: polacos con aspecto artístico y rebosantes de felicidad epidérmica. Sin embargo, a pesar de perdernos a las supuestas celebridades locales, Nowa Prowincja seguía siendo un lugar interesante. A mí me gustaba especialmente por su chocolate a la taza, denso y negro —sólo le faltaban los churros para ser como el español— y no un mero batido de chocolate, como en la mayoría de cafeterías.

Fuera, había un par de bancos con mesitas de madera para los más necesitados de su dosis de notoriedad o polución. Dentro, la descripción se complicaba. En la estancia principal, la madera predominaba: en las sillas, en las mesas, en el suelo, en la barra y en las escaleras que conducían al altillo, también de madera. La bóveda recordaba a una cueva artificial o a un templo. Las paredes estaban llenas de cuadros y carteles; en el altillo, de garabatos de los clientes. Subimos las crujientes escaleras, pero Stanisław y Honoriusz no estaban allí. La segunda sala de Nowa Prowincja también tenía el techo abovedado y abundaba la madera. En vez de un altillo había una tarima, coronada por un ajado piano que quizá tocara de vez en cuando la crème de la crème o algún turista despistado. Al lado, había un tipo solitario tocando silenciosamente la guitarra, todo de negro; parecía algún tipo de música mexicana, triste y festiva a la vez. En cada uno de los arranques de la bóveda, había una pizarra, llena de garabatos y de nombres polacos. Stanisław estaba sentado en el otro extremo de la habitación; nos saludó con la cabeza.

—Gienek, ya te dije que te mantuvieras alejado de mi chica. Parece que no me tomas muy en serio.

—Stanislau, amor, no seas pelma.  Nos hemos encontrado en el tranvía.

—Traigo buenas noticias —dije—. Nos han escrito un email a la cuenta apocrifilicos@gmail.com. ¡El primer email!

No mostraron demasiada emoción.

—Yo también tengo una noticia que daros —dijo Stanisław.

—El email contiene una falsa reseña —seguí—. Es un homenaje o parodia del "Examen de la obra de Herbert Quain" de Borges.

Entonces sí me escucharon. Michalina se había quedado de piedra. Stanisław, sin habla. Honoriusz regresó de la barra con una bandeja: un café y tres compotas.

—¿Qué os pasa? —preguntó—. ¿Se ha muerto alguien?

—Toma asiento, Honoriusz —ordenó Stanisław—. Gienek trae una nueva falsa reseña. Nos la han mandado al email de la Hermandad. Empecemos de una vez la vigésimo séptima reunión de la Hermandad de los Apocrifílicos. Procedo sin más dilación a la lectura del Manifiesto Apocrifílico para que luego Gienek nos lea la falsa reseña:
»Queridos hermanos y hermana de la Hermandad Apocrifílica: 
»No me interrumpáis mientras traigo a nuestra memoria los primeros pasos que dio esta Hermandad. Una noche de hace cinco años, Honoriusz regresaba en el autobús 502 a su piso de Nowa Huta, el otrora barrio socialista de Cracovia. Años ha, Nowa Huta, construida alrededor de la planta siderúrgica Vladimir Lenin, había sido el paradigma de la ciudad proletaria. En los días de Honoriusz, nuestros días, ese paraíso se ha convertido ya en un suburbio decadente y, en ciertos lugares y a determinadas horas, peligroso; la planta siderúrgica, que concentraba la mayoría de las protestas anticomunistas, ha sido privatizada.
»En el autobús 502, uno aún puede encontrarse con lo mejor de la fauna nowahutiana actual, especialmente de noche: los dres. En polaco, dres significa chándal, que es la prenda básica de esta tribu urbana. Aficionados al fútbol como los hooligan, rapados como los skinhead, hijos bastardos de la clase obrera como ambos: violentos, ignorantes, vagos y borrachos. Por ellos y otros especímenes, los nowahutianos dicen que el autobús 502 es un estado mental. 
»Aquella noche, en el autobús 502, un dres visiblemente borracho —no llevaba zapatos y jugueteaba con una botella de cerveza— empezó a preguntarles a los pasajeros si tenían tabaco; todos fueron contestando con un escueto "nie", incluido Honoriusz. Luego repitió la operación pidiendo si tenían algo de dinero, con igual resultado. La ronda de preguntas había comenzado en la Estación Central. Entonces, el dres se puso a consultar uno a uno los nombres de los pasajeros: Kasia, Paulina, Piotrek, Asia, Krzysztof, Paweł, Tomasz, Agata, Andżelika, Michał, Agnieszka, Bogumił, Marcin. Contestaban por pura inercia, era difícil entender la pronunciación borracha del dres. Honoriusz, el último, respondió con su nombre auténtico, preapocrifílico: Elmyr. El dres espetó un "putos gitanos", rompió la botella de cerveza contra el suelo y empezó a darle puñetazos. Elmyr se defendió y gritó que no era gitano. "Putos extranjeros", dijo el dres, y siguió arreándole. "Soy húngaro", dijo Elmyr; el dres, "Putos húngaros", y continuó propinándole la paliza. Ningún pasajero movió un músculo para ayudarlo, a pesar de que Elmyr gritaba sus nombres mientras el dres lo estaba zurrando; el conductor siguió su trayecto sin alterarse.
»El autobús llegó al final del trayecto, Plac Centralny, ahora llamada Plaza Ronald Reagan, el corazón de Nowa Huta. El dres bajó con lo único que pudo robarle a Honoriusz: un ejemplar de Ficciones en húngaro. Michalina y yo esperábamos nuestro autobús para salir por el centro cuando encontramos a aquel despojo sangrante tratando de bajar. Lo ayudamos y acompañamos al hospital. En la sala de espera se lamentó de su pérdida: aún no había podido leer todos los relatos de Borges. Así comenzó nuestra amistad y la Hermandad. Pocos meses más tarde nos mudaríamos a otros barrios más seguros. Tomamos la decisión de adoptar nombres polacos para evitar más agresiones. Honoriusz, más radical, resolvió hacerse el casi sordomudo.
»Brindemos con nuestras compotas o cafés y comencemos.
Honoriusz tenía los ojos levemente empañados. Me pareció que tenía algunas cicatrices a su alrededor.

—Cada vez me sorprende más vuestro Manifiesto —dije rompiendo el silencio—. Aunque debo admitir que yo nunca he tenido problemas de este tipo en Cracovia. Vale, no he vivido nunca en Nowa Huta, pero he estado varias veces. De cualquier modo, no es bueno generalizar: la mayoría de los cracovianos no es así, ni siquiera de los nowahutianos ni de los dres. Y no sé si cambiarse el nombre por uno polaco puede ayudar...

—No seas quedabien, Gienek —dijo tajantemente Stanisław—. No estamos diciendo que los polacos sean racistas o violentos. Cambiarse el nombre no es camuflaje, sino un gesto, un símbolo: sólo lo hacemos en las reuniones de la Hermandad y nos recuerda que en algún momento nos dio miedo ser diferentes. A nuestra manera, además, somos un poco polacos. En fin, léenos tu falsa reseña.

—De acuerdo. No sé quién es el autor, quien mandó el correo no dijo nada: sólo adjuntó un PDF con el archivo. Se titula "Examen de la obra de Javier Marías":
"Sólo diez años después de la trágica muerte de Javier Marías (1951-2005), su obra y su nombre han sido total e injustamente obliterados: de las tiendas, de la universidad, de la historia de la literatura. Sus libros no se encuentran ni en las librerías de viejo, que tanto le gustaba explorar; los ejemplares de las bibliotecas no son consultados más que por error; ni una calle, estatua o escuela lo recuerdan. Los críticos lo habían considerado el mejor novelista español contemporáneo, candidato eterno al Nobel; ahora tenemos otros mejores narradores, otros candidatos perennes. También en el Parnaso hay desahucios.
»Su espectacular muerte no aumentó su fama, y uno empieza por fin a explicarse por qué. Empedernido fumador, se quedó dormido sobre su cama con un cigarrillo encendido que quemó la sábana, primero, y devoró el resto de su hogar y cuerpo, después. Si los lectores de su obra no se hubieran extinguido, recordarían que algo parecido le sucede a un personaje de Corazón tan blanco, una de sus mejores novelas. Escalofriante coincidencia o predicción; tan escalofriante como su olvido. La colilla que quema unas sábanas es uno de los leitmotivs de la novela, una de las repeticiones tan frecuentes en el estilo de Marías. Como las melodías de Wagner, el miedo a descubrir algún horror oculto, los zapatos de tacón, una cita de Shakespeare, la susodicha colilla y otros motivos o imágenes van y vuelven a lo largo del texto para reaparecer en la conclusión en una intensa traca final.
»Otra obra fascinante de Marías, y una de sus favoritas según confesó en vida, es Todas las almas, autoficción de los años que pasó dando clases en la Universidad de Oxford. El narrador y protagonista innominado es y no es Javier Marías, es otro y además es Javier Marías, como él mismo lo/se definió. Así, cuando el protagonista se follaba a una gorda, el lector no sabía si Marías se la había follado realmente o no. Esto, junto a la falta de un argumento al uso, desconcertó al pobre lector, que interpretó la novela como una autobiografía o como un roman à clef. Los juegos realidad-ficción en Todas las almas iban más allá: el libro incluía una biografía y dos fotografías de John Gawsworth, escritor británico real pero olvidado, aventurero y rey de la diminuta y despoblada —pero real— isla de Redonda, al que casi todos los reseñadores consideraron un ente de ficción. (De nuevo, es escalofriante la coincidencia o predicción del olvido de John Gawsworth-Javier Marías.) En una antología de relatos ajenos que editó más tarde, Cuentos únicos, Marías incorporó un cuento de John Gawsworth, pero también otro de un autor inventado por él: James Denham. La crítica se volvió a equivocar: aceptó la autenticidad del falso James Denham como había rechazado la del auténtico John Gawsworth. 
»La relativa popularidad de Todas las almas —e impopularidad: no gustó que criticara a las gordas— hizo que la directora de cine Gracia Querejeta llevara a cabo una adaptación cinematográfica. Marías no quedó contento con el resultado, demasiado alejado de su novela, y se desligó del proyecto, finalmente titulado El último viaje de Robert Rylands. La polémica llegó a los periódicos, incluso a los tribunales. El nombre de Marías fue eliminado de los créditos, el novelista fue indemnizado. La película, como la obra de Marías y de Gawsworth, olvidada.
»Los problemas causados por la publicación de Todas las almas no acabaron aquí, así que Marías los aprovechó para darle otra vuelta de tuerca a sus malabares realidad-ficción. Publicó Negra espalda del tiempo, una obra 100% real o autobiográfica, según aseguraba el narrador y protagonista Javier Marías, en la que explicaba todos los contratiempos y malentendidos que la publicación de Todas las almas había causado. Esta vez, si el narrador y protagonista fumaba un cigarrillo, el lector podía respirar tranquilo: estaba seguro (en teoría) de que Marías había fumado un cigarrillo. Además del asunto de la película, Marías había tenido conflictos con sus excompañeros de trabajo en Oxford, le atribuyeron la falsa esposa y el falso hijo que tenía el narrador de Todas las almas, etc. Negra espalda del tiempo se dedicaba a desmentir todas las falsedades que habían ido surgiendo alrededor de la obra anterior. Asimismo aparecían, como en muchas de las novelas de Marías, diversas estrellas invitadas: el profesor Francisco Rico, el dictador Francisco Franco, el escritor John Gawsworth, así como la historia del Reino de Redonda, del que Marías termina siendo monarca. Esta era, es, la mejor novela de Marías, así como su novela menos novela.
»En una alabadora crítica que publiqué después de la aparición de Negra espalda del tiempo, comparé la tríada de Marías (Todas las almas-El último viaje de Robert Rylands-Negra espalda del tiempo) con el trío de Cervantes (1ª parte del Quijote-Quijote de Avellaneda-2ª parte del Quijote). Según mi analogía, Todas las almas, igual que la primera parte del Quijote, era una novela acabada que sólo tuvo una continuación cuando otros se interpusieron entre la creación y su legítimo creador: Gracia Querejeta y Avellaneda. Por ello existían, existen, Negra espalda del tiempo y la segunda parte del Quijote, que desmienten y desautorizan El último viaje de Robert Rylands y el Quijote de Avellaneda. Tendríamos que estarles doblemente agradecidos a Avellaneda y Gracia Querejeta, concluía mi artículo. Por supuesto, mis comparaciones entre Marías y Cervantes no tuvieron éxito. ¿Cómo se me ocurría comparar al gran Cervantes con Marías, el escritor que fumaba y se reía de las gordas? Mi alabadora crítica fue olvidada antes que la obra de Marías: sombra de una sombra. 
»Ahora que se cumplen diez años de la muerte de Javier Marías, ahora que mi muerte también se acerca, intento por última vez con este artículo recuperar la memoria del olvidado Marías. Me aventuro, de paso, a explicar el porqué de su desahucio parnasiano. Por un lado, los juegos realidad-ficción lo convirtieron en un novelista incómodo: a la mayoría de los lectores no le gusta dudar de lo que lee; por el otro, su pasión por el tabaco y, sobre todo, su crítica constante de las gordas —sí, de las mujeres gordas— despertaron la ira de la opinión pública. Diversas organizaciones ecologistas y feministas criticaron las novelas, cuentos, ensayos y artículos de Marías en los que abogaba por fumar y despotricaba contra las gordas, "gordas infames" las llamaba. Cito un fragmento ilustrativo de Todas las almas: "Recuerdo que [en la discoteca] abundaban más de lo lógico las gordas con minifalda y rizos artificiales: había mesas ocupadas enteramente por grupos nutridos de nutridas gordas (lo que se llama gordas infames)". A la crítica progresista no le hizo ninguna gracia la burla de las gordas infames, a pesar de que el protagonista de la novela acabara manteniendo relaciones sexuales con una de ellas. Diez años después de la trágica muerte de Javier Marías —merecida, diría la crítica progresista— debemos reconocer que su obra ha sido obliterada y que nunca obtuvo el Nobel porque le gustaba fumar y reírse de las gordas."